Qué es el aceite lampante y si puedes consumirlo?

Has visto la palabra lampante en una etiqueta o en una noticia sobre fraude alimentario y te preguntas qué esconde. El aceite lampante es el gran desconocido del mundo del aceite de oliva, ese que casi nadie compra a propósito pero que probablemente ya tienes en casa sin saberlo. Te contamos qué es, de dónde sale y si supone algún riesgo para tu salud.

Qué es exactamente

Es un aceite de oliva virgen que no ha superado los controles de calidad necesarios para ser comestible tal cual. Presenta una acidez libre superior al 2 por ciento y defectos de sabor u olor detectados en la cata oficial, como notas avinadas, atrojadas o rancias. No es un aceite distinto ni una mezcla rara, es zumo de aceituna con algo que falló en el camino.

De dónde viene el nombre

Antes de que la electricidad iluminara los hogares, este aceite servía como combustible para las lámparas que alumbraban calles y casas. Su sabor desagradable no era un problema porque nadie pensaba en comerlo, solo en quemarlo. De ahí quedó el nombre, y con él, siglos después, cierta mala fama que no siempre está justificada.

Cómo llega una aceituna hasta ahí

Ninguna almazara busca producir este tipo de aceite a propósito. Suele ser el resultado de algún fallo en el camino entre el olivo y la prensa.

Los motivos más frecuentes son:

Aceitunas caídas al suelo, en contacto con tierra y humedad durante días. Frutos sobremaduros o dañados por plagas como la mosca del olivo. Heladas que rompen los tejidos de la aceituna. Almacenamiento demasiado largo en montones, que dispara el calor y la acidez.

Es peligroso para la salud

Aquí está la parte que más tranquiliza. No es tóxico ni está adulterado en su origen. Simplemente no cumple los estándares sensoriales y de acidez que exige la normativa europea para venderse como aceite comestible. La diferencia con el virgen extra no es de seguridad, es de calidad y de sabor.

Lo que sí prohíbe la ley es venderlo directamente al consumidor. Por eso nunca lo encontrarás en el lineal del supermercado con su nombre real.

Qué pasa después, el refinado explicado sin complicaciones

Antes de llegar a cualquier cocina, este aceite pasa por una planta de refinado donde se transforma en un producto neutro y seguro. El proceso combina varias fases: el desgomado retira mucílagos y ceras, la neutralización elimina el exceso de acidez con soluciones alcalinas, la decoloración quita pigmentos y compuestos oxidados, y la desodorización arrastra con vapor los olores y sabores que quedan. El resultado es un aceite sin personalidad propia, listo para el siguiente paso.

La pregunta que nadie te cuenta

Aquí llega la parte que más sorprende. Ese aceite refinado no se vende solo. Se mezcla con un pequeño porcentaje de aceite de oliva virgen, normalmente entre un 10 y un 20 por ciento, para devolverle algo de color, aroma y sabor. El resultado de esa mezcla es lo que compras cuando eliges una botella etiquetada simplemente como aceite de oliva, sin ningún apellido.

No hay ningún engaño en esto, la normativa lo permite y lo regula con claridad. Pero entenderlo cambia la forma en que miras las etiquetas del supermercado.

Cuándo se convierte en fraude

El problema legal aparece cuando alguien vende este aceite refinado, o mezclado en proporciones incorrectas, etiquetado como virgen o virgen extra. Ahí ya no hablamos de una categoría normal del mercado, hablamos de un delito de etiquetado engañoso.

Operaciones policiales como la desarrollada en 2023 entre la Guardia Civil y las autoridades italianas destaparon casos así, con lotes intervenidos en gasolineras y mercadillos que se vendían como algo que no eran.

Cómo elegir bien tu aceite a partir de ahora

Saber que existe el aceite lampante no debería asustarte, debería ayudarte a comprar con más criterio. Si buscas los beneficios completos del zumo de aceituna, fíjate siempre en que la etiqueta diga virgen extra. Si compras simplemente aceite de oliva, ya sabes que una parte de esa botella empezó su vida como lampante, y que eso no tiene nada de malo.

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