Para qué sirve el aceite de argán: usos y beneficios

En Marruecos lo llaman oro líquido y no es exageración. El aceite de argán sirve tanto para dar sabor a un plato de cuscús como para calmar una piel reseca por el invierno. Antes de comprarlo por moda conviene entender de verdad qué hace, dónde brilla y dónde no aporta nada.

Qué es exactamente el aceite de argán y de dónde viene

El aceite de argán se extrae de las semillas del fruto del árbol de argán, una especie que crece casi en exclusiva en el suroeste de Marruecos. Su producción sigue siendo en gran parte artesanal: se necesitan cerca de 30 kilos de fruto para obtener un solo litro de aceite, lo que explica su precio.

Existen dos versiones que conviene distinguir bien. El argán cosmético se extrae de semillas crudas y está pensado para piel y cabello. El argán alimentario se obtiene de semillas tostadas, tiene un sabor a frutos secos muy marcado y solo sirve para uso culinario. Confundirlos es el error más habitual entre quienes lo compran por primera vez.

Para qué sirve el aceite de argán en la cocina

El toque marroquí que transforma un plato sencillo

Un chorrito de aceite de argán alimentario sobre un plato terminado cambia por completo su carácter. Su sabor tostado, entre la avellana y el sésamo, realza verduras asadas, legumbres o un simple pan recién horneado sin necesidad de añadir nada más.

Cómo se usa en frío

El aceite de argán no está pensado para cocinar con calor. Sus propiedades y su sabor se degradan al freír o saltear, así que su lugar natural es siempre al final de la preparación, en crudo.

Con qué combina mejor

En la cocina marroquí tradicional se mezcla con miel y almendra molida para preparar el amlou, una crema untable para el desayuno. También funciona muy bien en aliños de ensalada, sobre hummus o rociado directamente encima de un cuscús caliente.

Para qué sirve el aceite de argán en la piel

Hidratación profunda sin efecto graso

El aceite de argán cosmético es rico en vitamina E y en ácidos grasos esenciales, dos componentes que refuerzan la barrera de hidratación natural de la piel. Su textura ligera penetra rápido y no deja esa sensación pegajosa que sí tienen otros aceites vegetales más densos.

Su papel frente a manchas y signos de la edad

Gracias a su alto contenido en antioxidantes, el argán ayuda a neutralizar el daño causado por los radicales libres, uno de los principales responsables del envejecimiento cutáneo. Aplicado con constancia, mejora la elasticidad y aporta luminosidad a pieles apagadas.

Uso en pieles con acné o tendencia grasa

Puede sonar contradictorio, pero el aceite de argán también beneficia a las pieles grasas. Su ácido linoleico ayuda a regular la producción de sebo y su carácter no comedogénico significa que no obstruye los poros, algo que sí ocurre con muchos aceites más pesados.

Para qué sirve el aceite de argán en el cabello

Sellado de puntas y brillo

Aplicado en las puntas, el aceite de argán sella las cutículas del cabello y reduce el encrespamiento. El resultado es un pelo con más brillo y menos frizz, especialmente visible en cabellos secos o dañados por el calor.

Antes o después del lavado, cuál es mejor

Como tratamiento previo al champú, unas gotas aplicadas una hora antes de lavar el pelo ayudan a suavizar e hidratar en profundidad. Usado después del secado, en cambio, funciona como un sérum que controla el volumen y aporta acabado.

Cómo elegir un buen aceite de argán

No todos los frascos que se venden como argán cumplen lo que prometen. Antes de comprar conviene fijarse en algunos detalles.

  • Primera presión en frío, indicada siempre en la etiqueta.
  • Color amarillo dorado, nunca demasiado pálido ni turbio.
  • Olor discreto a fruto seco, sin rastro a rancio ni a plástico.
  • Origen marroquí certificado, idealmente con sello de comercio justo.
  • Envase de vidrio oscuro, que protege el aceite de la luz.

Cómo conservarlo para que no pierda sus propiedades

El aceite de argán es sensible a la luz y al calor, así que lo mejor es guardarlo en un armario cerrado, lejos de la ventana y de fuentes de calor como el horno. Bien conservado aguanta entre seis y doce meses una vez abierto, aunque conviene comprobar siempre el olor antes de usarlo: si recuerda a pintura o a cera, el aceite ya se ha oxidado y ha perdido buena parte de sus beneficios.

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